La corrupción amenaza la seguridad de Rusia.

La popularidad del presidente se resiente

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En Rusia el dinero no llega a donde quiere el Gobierno, la arbitrariedad burocrática ahuyenta a los inversores, el presupuesto destinado al Ejército se roba a espuertas, impidiendo así su modernización, y ello en un entorno en el que los sobornos provocan una subida sin precedentes de los precios en todos los sectores del consumo.

Según Transparency International, Rusia ocupa en el mundo el lugar 133 en «percepción de corrupción». La lista la encabezan los estados más transparentes (Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda) y el último puesto, el 174, lo comparten Afganistán, Corea del Norte y Somalia. España se encuentra en la posición 30, Alemania en la 13, Estados Unidos en la 19, Francia en la 22, Italia en la 72 y Grecia en la 94. De esta forma, Rusia es el país más corrupto entre los miembros del G20.

Pese a todo, el país eslavo ha mejorado relativamente, subiendo 10 lugares con respecto al año anterior. Pero no porque haya menos corrupción sino por el hecho de que esta lacra ha aumentado considerablemente en el resto del mundo.

En los primeros nueve meses de 2012 se iniciaron más de 16.500 causas por corrupción

El ex ministro de Finanzas ruso, Alexéi Kudrin, ve una relación directa entre los ingresos generados por la venta de petróleo y gas, el aumento del gasto público y la corrupción. Según su opinión, «cuando se produce un incremento explosivo del gasto aumenta el número de eslabones en la cadena administrativa y cada uno de ellos aspira a recibir su parte del pastel».

El jefe de la Cámara de Cuentas de Rusia, Serguéi Stepashin, ha advertido que «más de un billón de rublos -unos 24.000 millones de euros- desaparece anualmente de las arcas del Estado». El Comité de Instrucción, órgano judicial desgajado hace poco de la Fiscalía General, anunció en un comunicado emitido esta semana que se han iniciado más de 16.500 causas por corrupción en los primeros nueve meses de 2012, un 50% más que en 2011.

La oposición y determinados sectores intelectuales llevan tiempo denunciando la corrupción, la cual, según un sondeo, se ha agravado durante los años en los que el presidente Vladímir Putin dirige el país. Así lo estiman seis de cada diez rusos encuestados.

El activista que más ha contribuido a crear una conciencia social en contra de los abusos del funcionariado ha sido Alexéi Navalni, uno de los líderes del actual movimiento de protesta contra Putin. Se ha convertido en el receptor de la mayor parte de las denuncias por corrupción y cuelga los casos más flagrantes en su blog.

«Ladrones y estafadores»

De Navalni fue la idea de llamar a Rusia Unida, formación creada a instancias del Kremlin, «el partido de los ladrones y los estafadores». Sus revelaciones contribuyeron de forma decisiva a la sensible caída de votos a favor de Rusia Unida en las legislativas de hace un año.

Desde que regresó al Kremlin, el pasado mes de mayo, la popularidad de Putin también se resiente. Según un reciente informe del centro sociológico ruso Levada el jefe del Estado ha perdido un 6% de apoyo de la ciudadanía.

Gueorgui Satárov, presidente de la fundación para el estudio de la corrupción INDEM, está convencido de que «a Putin le preocupa y mucho que la corrupción le esté haciendo perder el control del aparato de Estado». Por su parte, Elena Panfílova, responsable de la delegación en Moscú de Transparency International señala que «no es posible seguir sin plantear una lucha en serio contra la corrupción (…) el poder necesita garantizar la firmeza de la vertical de mando».

Oboronservice fue utilizada para privatizar a precios de ganga las propiedades de Defensa

Efectivamente, el máximo dirigente ruso parece haberse dado cuenta del desafío y ha lanzado una nueva campaña anticorrupción que ha impactado de lleno en la línea de flotación de ministerios clave, como los de Defensa, Interior y Agricultura. Tanto él como su primer ministro, Dmitri Medvédev, han reconocido reiteradamente que «la corrupción amenaza nuestra seguridad nacional».

El titular de Defensa, Anatoli Serdiukov, fue destituido el 6 de noviembre. Su presunta amante, Evguenia Vasílieva, que dirigía la empresa «Oboronservice», está acusada de apropiación indebida de fondos del Estado. «Oboronservice» fue la estructura utilizada para privatizar a precios de ganga las propiedades de Defensa y el daño asestado al presupuesto se calcula en 75 millones de euros. El año pasado, según la Fiscalía Militar, unos cien millones de euros fueron a parar a los bolsillos de generales y contratistas corruptos.

Ha habido muchos otros ceses en distintos ministerios, pero, a juicio de Satárov, todos los casos destapados en noviembre «no son más que la punta del iceberg de un problema mucho más profundo y extendido».

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